INDIETRO / BACK  |  SCULTURE / SCULPTURES  |  MOSTRE / EXHIBITIONS  |  INTERNATIONAL SYMPOSIA  |  LIBRI/BOOKS  |
 SANTIAGO  |  GIARDINO DELL'ANGELO  |  CURRICULUM  |  STAMPA / PRESS  |  INCONTRI / ENCOUNTERS  |  EVENTI / EVENTS 


Metáfora de una catarsis

En esta expresión se concentra toda la experiencia de un viaje que, a través del autor, el lector consigue revivir a cada instante; desde la inquietud inicial (provocada aparentemente por la conclusión de una historia de amor, pero sin duda alguna ya latente en un hombre que siente la necesidad de un cambio), pasando por el camino, por el cansancio del cuerpo, por los maravillosos escenarios de los paisajes españoles, por el sabor de las sopas de las hospederías, por la energía de una noche de amor, hasta la llegada a Santiago.

Oído, tacto, gusto, olfato, vista: los cinco sentidos están implicados (¡al punto de llegar a poner los ojos en blanco ante los atardeceres de los montes Pirineos, o a sentir el dolor de las llagas de los pies!) en este peregrinar de un peregrino que no es tal. No es la fe lo que empuja al viaje, sino algo profundamente íntimo, casi visceral: "Vivir o morir, o encuentro una razón de vida, o sólo hay cabida para la muerte", un empuje laico, aunque en el más profundo respeto de la fe y de la sacralidad de los lugares, para poder encontrar respuestas a una necesidad existencial.

Transformación, regeneración: es a través del continuo pasaje de la realidad a la imaginación donde se cumple la magia de la purificación, gracias a la presencia de personajes reales y sub-reales, casi todos femeninos, que hacen que esté viva la presencia del eros, que acompañan en el camino y presencian (e interfieren en) la experiencia de un hombre, un hombre de verdad que se atreve a llorar.

De las narraciones tradicionales a la iconografía de los santos y a la simbología del camino hasta llegar a los gestos cotidianos (como la curación de las llagas y la solicitud del sello en la credencial) y al acogedor ambiente de las hospederías. Marco, el protagonista, comunica sus sensaciones, que son tan vivas que se tiene la sensación de que se viven en primera persona. Se siente el peso de la piedra, símbolo de pena y sufrimiento, pero también de expiación y de co-participación gracias a que se deposita en Santiago, donde se irá a acumular con las ya dejadas por otros peregrinos; se advierte la ayuda del bordón, compañero inseparable y alivio en los momentos de aburrimiento más negros y difíciles y en el cansancio del peregrinar.

Y es precisamente casi al final, en la última etapa del camino, donde la emoción, en su culmen en la plaza del Obradoiro, provoca una reflexión, como para cerrar el círculo de esta aventura y de esta búsqueda: "El camino, ahora lo tengo claro, es metáfora de la vida principalmente, se recorre en medio de riesgos, incertidumbres, es ganas de verdad, búsqueda de lo divino".

De la apatía a la vida de verdad. Es, leída la última página, un único deseo: partir, partir, partir.  Buen camino!


Maddalena Torelli